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Nada está tan lejos de Trovolhue

Actualizado: 28 feb 2022

Esta es la historia de una antena conectada a 12 mil satélites que cambió el acceso a internet del Liceo de Trovolhue. Pasaron de tener un hilo de red a una cascada de datos.


Alejandra Lavín, directora del Liceo Público de Trovolhue junto a sus estudiantes.


En la mitad de la Cordillera de Nahuelbuta se ubica Trovolhue, un poblado de 4.500 habitantes, rodeado de humedales y bosques. En esa topografía de cordones montañosos y ubicada a 77 kilómetros de Temuco, una especie de hoyo verde; era muy difícil acceder a Internet de buena calidad, forzando a los alumnos del Liceo de Trovolhue a cruzar los dedos para que no lloviera y así lograran entrar vía WhatsApp a las aulas virtuales organizadas por sus profesores en el auge de la pandemia.

Hoy, el futuro de estos jóvenes ya no depende del clima, ni de la suerte: ahora la señal satelital Starlink beneficia a cerca de 200 estudiantes y profesores con conexión y acceso a contenidos educativos que les permiten desenvolverse como ciudadanos de la era virtual, idea impulsada por UnlimitED.


Todo comenzó cuando el 23 de noviembre de 2021 llegó una encomienda al Liceo de Trovolhue: una caja con un adhesivo con la frase: “From EE.UU. Fragil”. La directora, Alejandra Lavín, la abrió y tuvo el primer acercamiento a la antena satelital que cambiaría la velocidad del Internet de su escuela. La promesa hacia un mejor futuro: una conexión capaz de vincular a los jóvenes con sus metas más ambiciosas. Atrás quedaban los días en los que se comunicaban mediante grupos de WhatsApp, valiéndose de alguna señal intermitente que captaban los teléfonos de sus padres, al regresar del trabajo. La nueva señal satelital significaba cambiar un pequeño hilo de agua por un Niágara de información que aplacaría la sed de aprendizaje.


El corazón le dio un brinco a la directora. Emocionada, llamó a Mauricio Rodríguez, el técnico informático del establecimiento, quien veía lejano el sueño de su comunidad educativa se beneficiara con este proyecto. "Esta antena se podría conectar a un cinturón de satélites, unos 12 mil, que están en el cielo", afirmó.

Mauricio Rodriguez, técnico informático del liceo.


Ya no importaba que estuvieran rodeados de cerros ni lejos de la gran ciudad, ahora sí podrían navegar a gran velocidad.

—¿Puede instalarla?— le preguntó la directora al técnico.

Mauricio venía preparado. Había buscado en Google: “Cómo instalar una antena Starlink paso a paso”.

—Vi en YouTube algunas experiencias con estas antenas en escuelas de Canadá y EE.UU. No lo encontré tan difícil, creo que puedo hacerlo— respondió.

Mauricio, en el pasado, había instalado unas mallas bajo tierra para proteger de los rayos a los telescopios del Observatorio Alma. Es de esas personas con “dedos de McIver”, el personaje de la televisión ochentena que arreglaba todo con un “alambrito".

—Acá en el liceo instalo desde focos hasta antivirus en los computadores—dice orgulloso de su don con las máquinas.


Así que, intrigado, partió con la antena Starlink a la sala de computación: quería investigarla. La estudió durante un día completo. Sus componentes, capacidades y la manera de instalarla. Cuando estuvo listo, al día siguiente, subió al techo con una escalera y se puso manos a la obra. Antes, se echó bloqueador, porque ese día el sol pegaba fuerte en Trovolhue.


—La instalé yo solo, en 45 minutos, estoy acostumbrado a trabajar así. Y es increíble cómo la antena, una vez conectada, busca sola la orientación que más le conviene. Gira, gira, gira y ahí se queda. Después uno tiene que fijar el mástil. El empotrado original lo adapté, puse uno más resistente por los vientos del invierno, que acá son fuertes. El cable también hay que protegerlo para que no lo dañe la radiación, ni que tampoco lo picotee un pajarito. La caja decía que resistía desde menos 26 grados hasta 70° de temperatura— recuerda Mauricio, apoyado en el mesón de ajedrez del colegio, en mitad del patio.

Estudiantes del liceo festejan a través de la música.


Unos metros más allá, algunos estudiantes comen completos. Están contentos de haber asistido de manera presencial a las aulas, durante unos pocos meses, luego de una larga cuarentena por el coronavirus. En la sala de música, otros muchachos se apoderan de los bombos, las guitarras, los clarines. Se oye el fin de año en el sur de Chile.


Mauricio reflexiona con el equipo de UnlimitED mientras suena el timbre que anuncia el fin de la jornada: “Esta conexión es una ventaja tremenda. Vivimos rodeados de cerros y las compañías regulares no brindan una señal óptima en Trovolhue. Su potencia fluctúa. Al llegar la tarde, se caen. Colapsan. Nos sentimos olvidados. Tanto la comunidad como los colegios que se encuentran en las mismas condiciones que nosotros. Con este equipamiento, mejoramos un doscientos por ciento. Los chicos pueden hasta conocer los campus virtuales de universidades fuera de Chile. Se les abre el mundo a los chiquillos".

—¿Ha podido probar cómo se comporta la conexión?

—Le hice un test de velocidad y con 4G lo máximo que pude medir fueron 20 Megas por segundo. Con la antena Starlink medí 276 Megas por segundo.

—¿Y en lo práctico, en qué se nota el cambio?

—Los profesores descargan videos de YouTube para los niños mucho más rápido. Por ejemplo, un video de 250 Megas antes se demoraba una hora. Ahora las profesoras tardan cinco minutos.


Con UnlimitED, niñas, niños y adolescentes que viven y estudian en los rincones más remotos de Chile, pueden desenvolverse como ciudadanos de la era virtual y aspirar a convertirse en doctores, modelos, investigadores, músicos e ingenieros y hasta ministros.


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